El aumento de peso es multifactorial y está influenciado por la genética, la nutrición, el comportamiento, los factores socioeconómicos y el entorno de la persona. Cabe señalar que, en investigaciones recientes, el papel de la exposición a toxinas en el aumento de peso está cobrando protagonismo.

Toxinas que nos encontramos en el día a día

La industrialización ha introducido contaminantes orgánicos persistentes (COP) y metales pesados ​​en el aire, el agua y la cadena alimentaria. La exposición crónica, la ingestión y la inhalación de estos contaminantes se han asociado con el desarrollo de obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares y enfermedades respiratorias crónicas.

Además, se ha demostrado que los contaminantes ambientales lipofílicos (solubles en grasa), como los COP, los pesticidas, los bifenilos policlorados (PCB) y los éteres de difenilo polibromados (PBDE), se acumulan en el tejido adiposo después de la exposición. En este sentido, los disruptores endocrinos (EDC) reciben un nombre muy apropiado, ya que alteran la función endocrina e interfieren con los receptores y la programación hormonal endógenos.

Concretamente, los disruptores endocrinos sintéticos se encuentran en pesticidas, fungicidas, retardantes de llama, plástico, envoltorios de alimentos, solventes y metales. Los estudios in vitro e in vivo sugieren que los EDC sintéticos afectan múltiples sistemas corporales, como las funciones reproductiva, inmunológica y nerviosa central.

¿Qué son los “obesógenos”?

Este término hace referencia al subconjunto de los EDC, sustancias químicas que han demostrado alterar la homeostasis lipídica y los receptores hormonales a través de mecanismos epigenéticos, estructurales y funcionales. Asimismo, los obesógenos pueden alterar el funcionamiento normal de la homeostasis energética, el metabolismo lipídico, la regulación del apetito y la adipogénesis.

Por lo tanto, la hipótesis de los obesógenos propone que las sustancias químicas obesogénicas EDC pueden conducir a un mayor almacenamiento de lípidos y una mayor susceptibilidad al aumento de peso. La exposición sistémica a ciertos EDC también puede estar potencialmente asociada con resultados adversos para la salud relacionados con la obesidad, como el síndrome metabólico, la resistencia a la insulina, la prediabetes, la diabetes, el estrés oxidativo y la hipertensión.

Pese al avance de las investigaciones, se desconoce el número total de EDCs obesógenos. Sin embargo, los que se han identificado como posibles obesógenos incluyen dietilestilbestrol (DES), bisfenol A (BPA), ftalatos, organoestánnicos, PBDE, productos químicos polifluoroalquilo (PFC), pesticidas organoclorados (OC) y PCB, y algunos metales pesados ​​como el arsénico y el cadmio.

Productos químicos y aumento de peso

Respecto a los resultados de los últimos estudios, se está investigando acerca de la influencia de los obesógenos en la alteración del microbioma intestinal, la modificación de la señalización y la sensibilidad de los neurotransmisores y la alteración de la actividad del sistema nervioso simpático. Los expertos señalan que “la exposición a estos productos químicos durante los períodos fetal o infantil puede tener efectos duraderos a lo largo de la edad adulta”. De todos modos, apuntan que se necesita más investigación sobre este tema.

Por otra parte, muchos EDCs obesógenos también entran en la categoría de COP. Se sabe que estos se acumulan en el tejido adiposo y se ha descubierto que su concentración es mayor en individuos obesos que en sujetos delgados. Algunos ejemplos de COP incluyen dioxinas, OC, PBDE y PCB. Se les denomina “persistentes” porque, una vez liberados en el medio ambiente, resisten la degradación y persisten en el aire, el agua, el suelo y los organismos vivos.

En otro orden de cosas, también se ha demostrado que una pérdida de peso rápida y extrema aumenta los niveles de COP en el torrente sanguíneo, ya que la pérdida de peso puede liberar COP del tejido graso a la circulación. Esto puede ayudar a explicar por qué la pérdida de peso rápida puede estar asociada con efectos adversos para la salud en ciertas personas.

La pérdida de peso

Si bien existe el riesgo de aumentar las toxinas lipofílicas del tejido adiposo al torrente sanguíneo durante cualquier proceso de pérdida de peso, la obesidad es un factor de riesgo importante en las enfermedades no transmisibles, como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. Por ejemplo, la pérdida de peso extrema y rápida puede ser necesaria solo para algunas personas y debe realizarse bajo supervisión médica.

Un estudio clínico con 401 adultos con sobrepeso y obesidad observó que la pérdida de peso de entre el 5% y el 10% del peso corporal inicial mejoraba significativamente los factores de riesgo cardiometabólico, como la glucosa en ayunas, los triglicéridos y el colesterol total.

Por lo tanto, la pérdida de peso gradual puede ser más beneficiosa clínicamente para limitar la liberación de toxinas del tejido adiposo. No solo eso, sino que también es necesaria una desintoxicación óptima que involucre al hígado, los riñones y el sistema gastrointestinal para ayudar a mitigar la reabsorción de COP y otras toxinas durante el proceso de pérdida de peso de una persona.

Conclusiones

A rasgos generales, los autores coinciden en que se necesitan más investigaciones para explorar el papel de las toxinas en el aumento de peso, en particular en torno a los EDC obesógenos.

El primer paso para ayudar a reducir la carga tóxica general puede ser limitar la exposición a los EDC obesógenos y otras toxinas potencialmente dañinas. Además, un plan holístico para el control sostenible del peso debe promover una desintoxicación óptima para apoyar la movilización y eliminación de toxinas lipofílicas del cuerpo.

Para terminar, los pacientes deben trabajar estos progresos con su médico para crear un plan de pérdida de peso sostenido e individualizado que considere la posible exposición a toxinas y las vías óptimas de desintoxicación.

Referencias

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